Por Fernando Lancellotti
8:45 – Me despierto con tus piernas entrelazadas. Ayer
llegamos cansados, nos arrojamos a la cama
te dormiste en el acto mientras te hablaba del sur. Después yo también
me dormí y hasta este instante no recuerdo nada de nada, como si el tiempo
hubiese ocultado ese paréntesis de mi conciencia. Es un día gris. Suena el
despertador. Una sensación de felicidad me invade. Falso
8:45– Me despierto con los sonidos de la mañana. Es un día
gris. Sigo durmiendo.
Sueño que una grúa gigante entra a mi cuarto y saca mi ropa
del placar. Alguien la maniobra. Los vidrios de la cabina están empañados. Verdadero.
9:13– Hago el desayuno mientras te bañás. Las tostadas saltan
al unísono con el pitido de la cafetera, que es como el de un tren que llega a
la estación. Te digo algo gritando. No
escuchás. Verdadero.
9:13– Mis párpados apenas se abren, sin muchas ganas. Ven un
día más. Pienso que la voluntad es un músculo que hay que entrenar. Lo único
que quiero es hacer pis. Falso.
9:35– Servís el café en la taza. Te digo: Basta, que después
no duermo. Recordamos la despedida de
ayer a la noche. Qué borracho estaba tu amigo me decís ¿Mi amigo? te pregunto. Querrás
decir: “nuestro amigo”. Casi desnuda corres la cortina como si viviésemos en un
desierto. Entra un chorro de luz que me pega en la sien. Verdadero.
9:35– Apuntar el chorro de meo parece un juego que me hace
feliz, aunque sea por ese instante. Se corta la luz. Manoteo la tapita, pruebo
las teclas inútilmente. Falso.
10:40– Estoy en el bar de la esquina. Me siento junto a la
ventana. Entra una mina con un buzo que dice Patagonia. Qué ganas de estar
lejos pienso. La mina se sienta en una mesa y saluda a un tipo con voz grave. Son
jóvenes pero tienen el rostro curtido. Los veo borrosos, quizás porque aún no
desayuné. Falso.
10:40–Es una mañana húmeda. No tengo la más mínima idea de lo
que es SUBE, quiero pagar el ticket del subte pero no hay nadie en la caja. Me
dicen que ponga la tarjeta. Pregunto: ¿Dónde compro la tarjeta? Tenés que ir al
ministerio y te sacas la foto. Subo la escaleras y me alejo de la estación,
también de esa vaga idea de ser más eficiente, más terrenal, que me viene cada
tanto. Verdadero.
10:54– Termino el último sorbo de café. La lluvia empalidece
todo. Después de hojear los diarios chequeo el celular, no tengo mensajes de
nadie. Solo publicidad. Odio la publicidad. Veo una grúa igual a la del sueño,
la maneja un operario con bigotes y un casco amarillo. Gira el brazo retráctil
de un lado al otro. Pienso que me esta haciendo una seña que trato de
descifrar: “Soy el del sueño, vengo por vos”. Falso.
10:54– Las nubes negras se amontonan en un costado del cielo.
Camino por la vereda del sol. Paro un taxi. Le digo a donde voy y el tipo me
dice que está todo cortado. Miro el celular y en un mensaje me dicen que se
suspendió el ensayo. El taxi me pasea sin un destino particular. Hago tiempo.
Verdadero.
11:30– Nos encontramos en la esquina del ensayo. Te acompaño
unas cuadras y me propones almorzar. Vacilo. Te digo que no puedo. Caminamos
hasta la avenida. Parece un día feriado. Me tomás de la cintura y me decís:
dale piquemos algo. Acepto. Entramos a una fondita y nos dicen que todavía no
abrió la cocina. Verdadero.
11:30–Salgo del bar y vuelvo a casa vencido por el sueño. La
grúa da vueltas y despide un gas que deja blanca la cuadra. Ni bien entro suena
el timbre. Una voz grave pregunta por mí. Abro la puerta y un hombre me
increpa. Gatilla dos o tres veces. Una bala entra en mi pecho. Caigo
desparramado. Falso.
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